Obligar a los hijos a comer puede convertirse en un remedio peor que la enfermedad.
Son las 7:00 p.m. como todas las noches desde hace varios meses, en la casa de Miguel la tensión aumenta al acercarse la hora de la comida. A sus tres años, el pequeño ha conseguido transformar ese momento en una verdadera batalla campal. Después de mil vueltas, finalmente se sienta a la mesa. Cuando llega el plato, la historia comienza. Mientras, tenedor en la mano, su mamá trata de que coma, primero por las buenas y luego a regañadientes, Miguel se mantiene firme en su decisión de no comer. Después de más de media hora de forcejeo, llanto y pataletas, por fin hay un ganador. Otra vez Miguel.
A medida que pasan los días la tensión crece en la casa a la hora de la comida. Y con ella, la variedad de artimañas del niño para negarse a comer y las de sus padres obligarlo. A un que es un niño sano, temen que empiece a perder peso y se enferme.
Como Miguel, son muchos los niños que en algún momento de su infancia se rehúsan a comer. Y como los de Miguel, son muchos los papás que continúan sin saber cómo manejar una situación que se toma cada vez más difícil de controlar. Algunos se dan por vencidos, otros se resignan a dar diariamente la misma batalla y algunos finalmente encuentran por la vía de ensayo y el error, algún método que les funciona.
Aunque es muy poco probable que alguno de estos niños lleguen literalmente a “morirse de hambre”, la forma como se resuelvan estos problemas en la infancia es definitiva en la formación de los hábitos alimentarios de los adultos. Cada vez es más frecuente encontrar jóvenes con desordenes de la alimentación serio como obesidad, bulimia y anorexia, originados en patrones de comportamiento distorsionados aprendidos en la niñez o la preadolescencia.
¿QUÉ HACER ENTONCES?
En el momento en que un niño se rehúsa a comer sistemáticamente los padres tienen dos opciones: la primera, es comenzar la gran conquista a cualquier costo. No importa cómo, el niño debe comer. Para lograrlo, los padres empiezan a usar toda clase de tácticas que suelen resultar desgastadores e inútiles: premios, amenazas, regaños, castigos…
Después de mil intentos, generalmente lo que consiguen es un niño que, como Miguel, aprender a utilizar el momento de la comida para manipular a sus padres. La principal razón por la que esta estrategia no funciona es porque los argumentos que utilizan los padres para convencer a sus hijos de que coman no guardan relación con las consecuencias de no comer. Cuando a un niño se le dice “si no comes, no vas a jugar con tu hermanito” él no entiende que tiene que ver lo uno con lo otro y por consiguiente, y por consiguiente no se le esta generando ninguna motivación para que la amenaza de privarlo de jugar lo invite a comer.
La segunda opción es, por el contrario, respetar la decisión del niño y dejar que no coma si no desea hacerlo. La consecuencia de no comer será, naturalmente, que pocas horas después sentirá hambre.
LO QUE DEBEN COMER
A medida que pasan los días la tensión crece en la casa a la hora de la comida. Y con ella, la variedad de artimañas del niño para negarse a comer y las de sus padres obligarlo. A un que es un niño sano, temen que empiece a perder peso y se enferme.
Como Miguel, son muchos los niños que en algún momento de su infancia se rehúsan a comer. Y como los de Miguel, son muchos los papás que continúan sin saber cómo manejar una situación que se toma cada vez más difícil de controlar. Algunos se dan por vencidos, otros se resignan a dar diariamente la misma batalla y algunos finalmente encuentran por la vía de ensayo y el error, algún método que les funciona.
Aunque es muy poco probable que alguno de estos niños lleguen literalmente a “morirse de hambre”, la forma como se resuelvan estos problemas en la infancia es definitiva en la formación de los hábitos alimentarios de los adultos. Cada vez es más frecuente encontrar jóvenes con desordenes de la alimentación serio como obesidad, bulimia y anorexia, originados en patrones de comportamiento distorsionados aprendidos en la niñez o la preadolescencia.
¿QUÉ HACER ENTONCES?
En el momento en que un niño se rehúsa a comer sistemáticamente los padres tienen dos opciones: la primera, es comenzar la gran conquista a cualquier costo. No importa cómo, el niño debe comer. Para lograrlo, los padres empiezan a usar toda clase de tácticas que suelen resultar desgastadores e inútiles: premios, amenazas, regaños, castigos…
Después de mil intentos, generalmente lo que consiguen es un niño que, como Miguel, aprender a utilizar el momento de la comida para manipular a sus padres. La principal razón por la que esta estrategia no funciona es porque los argumentos que utilizan los padres para convencer a sus hijos de que coman no guardan relación con las consecuencias de no comer. Cuando a un niño se le dice “si no comes, no vas a jugar con tu hermanito” él no entiende que tiene que ver lo uno con lo otro y por consiguiente, y por consiguiente no se le esta generando ninguna motivación para que la amenaza de privarlo de jugar lo invite a comer.
La segunda opción es, por el contrario, respetar la decisión del niño y dejar que no coma si no desea hacerlo. La consecuencia de no comer será, naturalmente, que pocas horas después sentirá hambre.
LO QUE DEBEN COMER
Algunos padres temen perder el control sobre los que comen sus hijos, porque les preocupa que no se nutran adecuadamente. Las necesidades nutricionales diarias de un niños de entre uno y medio y siete años son muy elementales. Según el Children´s Hospital de Boston son:
1.Dieciséis onzas de leche o su equivalente en queso, yogur o helado.
2.Dos onzas de de proteína qeu contenga hierro (carne o un huevo), o cereales enriquecidos con hierro.
3. Una onza de jugo de naranja o de furta fresca.
4. Una multivitamina, que recomienda para suplir la falta de vegetales en la dieta.
A LA HORA DE COMER SIEMPRE TENGA EN CUENTA:
- La comida es un momento agradable, enséñele a su hijo a disfrutar de el.
- Establezca un horario par las diferentes comidas.
- Siente al niño en un lugar adecuado, ojalá siempre en el mismo sitio.
- Sírvale una porción adecuada. Recuerde que él no come lo mismo que usted.
- Recuerde que usted es un modelo para su hijo. Procure recibir todo tipo de alimentos, dese tiempo para comer, ojo con las dietas y guarde el postre par el final.
- Evite la comida al la carta. Enséñelos a comer lo que les sirve en la mesa.
- Déle al niño la oportunidad de sentir gana de comer y no le ofrezca continuamente comida.
- Déjelo que experimente hambre como consecuencia de no comer. No le pida el favor ni le ruegue que coma.
- No utilice la comida como premio y castigo.
- Deje a su niño valerse por sí mismo a la hora de comer y anímelo para que sea independiente.