Cuando nos vemos enfrentados a situaciones que podrían poner en peligro nuestra vida o la de las personas que queremos, respondemos de una manera diferente a la habitual. Por ejemplo, algunas personas se quedan paralizadas y no pueden moverse mientras otras actúan muy rápidamente para intentar salir de la situación.
Estas formas de responder implican unos factores biológicos, con los que nacemos, y otros que están relacionados con la forma en la cuál hemos sido criados, con la cultura en la que nos movemos.
Las situaciones que sentimos que podrían ser una amenaza seria para nuestra vida o la de los que queremos, o aquellas ante las cuales sentimos horror, desesperanza o miedo, se llaman situaciones traumáticas, y pueden ser naturales (un terremoto, una inundación) o aparecer por la acción humana ( un secuestro, una bomba, una violación).
La respuesta a ellas depende de la manera en que la interprete quien la vive . Es decir qué es lo que se constituye en un trauma y cómo respondemos a esto, tiene también características individuales.
Aún sin vivir directamente la situación traumática, una persona puede responder a ella de la misma manera que quien la vivió directamente. En este caso el trauma se relaciona con lo que vio, o lo que le contaron.
Después de vivir una de estas situaciones, pueden aparecer respuestas como las siguientes:
Sensación de alejamiento, incapacidad para responder
Disminución de la capacidad de estar alerta
Sensación de que lo que está pasando es irreal
Sensación de ser otra persona
Amnesia o incapacidad para recordar aspectos importantes de lo que sucedió.
La persona puede presentar de manera repetitiva y con sensación de malestar, sueños, ideas, imágenes o pensamientos de lo que pasó. (acordarse de lo que vivió, de lo que vio en televisión o de lo que le oyó contar a alguien).
Sensación de revivir el evento
Malestar frente a la posibilidad de revivir lo que pasó.
Malestar ante reacciones de su cuerpo (físicas), que se parezcan a lo que vivió, o que le acuerden de esa vivencia de alguna manera.
Respuestas fisiológicas intensas, tales como frecuencia cardíaca aumentada, respiración rápida, ante esas sensaciones.
La persona puede tender a evitar enfrentarse a las situaciones que se le parecen a lo que vivió o aquellas situaciones donde podría repetirse esa vivencia.
Trata de evitar sentir emociones que se relacionen con la vivencia, o pensamientos que se relacionen con ésta, evita hablar del tema. También evita personas, sitios o situaciones que le recuerden el evento.
Puede no recordar alguna parte del evento.
Hay pérdida del interés o dificultad para participar en actividades importantes para ella.
Puede sentirse aislada de otras personas, o con dificultades para sentir amor y/o otras emociones intensas.
Puede sentir que la vida es breve o insatisfactoria.
También podrían aparecer respuestas fisiológicas como:
Insomnio,
explosiones de irritabilidad,
dificultades para concentrarse y/o
actitud excesivamente vigilante.
La suma de todas estas respuestas puede implicar dificultades para trabajar, para relacionarse con los demás en su vida social, e interferir en su funcionamiento cotidiano.
Es común que estas respuestas se presenten. Se espera que ante una situación traumática aparezcan en las primeras cuatro semanas y duren entre dos días y un mes.
Esto no significa que todas las personas que están expuestas a la situación tengan que presentar estas respuestas, solamente significa que las podrían presentar y que esto es algo esperado.
No todas las personas que experimentan estas respuestas necesitan atención profesional .
No todos los profesionales están preparados para darla.
Si duran entre treinta días y hasta tres meses, podrían ser parte del proceso esperado frente a una situación traumática. En este caso, la intensidad y la frecuencia de las respuestas debe ir disminuyendo poco a poco.
Si duran más de tres meses, es importante consultar a un profesional en salud mental.
Para esto identifique el centro de salud más cercano a su residencia y consulte. SI NECESITA AYUDA, PÍDALA.
¿QUÉ PASA CUANDO ES UN NIÑO QUIEN SE ENFRENTA A ESTAS SITUACIONES?
Cuando es un niño quien vive una situación traumática pueden darse cambios en su comportamiento. Puede presentar conductas que antes no estaban presentes o pueden aumentar algunas que ya existían.
Los niños necesitan como los adultos expresar lo que están sintiendo y pensando; pero como su lenguaje no es tan elaborado se puede leer su comportamiento como otra forma de lenguaje.
Algunas de las respuestas esperadas en los niños pueden ser:
Al principio parece no interesarles pues no hablan del evento, cuando les tocan el tema son evasivos o simplemente se aíslan. Entienden la situación pero les cuesta trabajo aceptarla.
Pueden también preguntar una y otra vez sobre qué pasó, cómo paso, por qué, quienes estaban, intentando así reconstruir el evento para entenderlo.
En el caso de que el evento incluye la muerte de una persona, los niños suelen pensar que esta situación es reversible.
Es muy probable que piensen que esto puede sucederles a ellos. Preguntan si esto mismo les puede pasar.
Algunos niños pueden estar más irritables o hiperactivos, y otros pueden reaccionar estando más quietos y callados.
Los juegos pueden relacionarse con el evento traumático, replicando lo sucedido. También puede disminuir la actividad en el mismo.
Pueden presentar dificultades para realizar actividades que necesiten concentración.
Se pueden observar comportamientos típicos de edades más tempranas como orinarse, hablar como niños más pequeños, necesitar ayuda para hacer cosas en las que eran independientes como vestirse.
El sueño suele alterarse presentando dificultades para conciliarlo, pesadillas, despertarse durante la noche o tener que dormir acompañados.
La alimentación puede afectarse con pérdida de peso o dificultades para comer.
Con frecuencia aparecen miedos que están relacionados con la seguridad personal (no querer salir de la casa, no querer ir al colegio, quedarse solos, la oscuridad)
Pueden reportar que les duele el estómago, la cabeza o alguna otra parte de su cuerpo.
Los síntomas deben disminuir con el tiempo con un manejo adecuado, y en caso de que estos se mantengan por más de tres meses es importante consultar un profesional de salud mental.
¿QUÉ PODEMOS HACER FRENTE A ESTAS RESPUESTAS?
Lo primero es entender que se pueden presentar, que son esperadas. No significa que se esté enloqueciendo o que es un cobarde, solamente indica que vivió una situación traumática.
Es importante hablar de lo que pasó. Volver a contar una y otra vez, lo que vio, lo que sintió, lo que iba pasando. Puede que esto sea difícil .
A veces preferimos no hablar de lo doloroso, de lo que puede hacernos sentir tristes a nosotros o a quienes nos rodean. Sin embargo frente a una situación tan intensa, es importante hablar del tema, para poderlo ver de frente y empezar a procesarlo. Hay que ir armando el rompecabezas poquito a poco, para poder dejarlo finalmente en el pasado como un recuerdo, un mal recuerdo, de lo que pasó, en vez de una vivencia permanentemente presente.
Si quien presenta estas respuestas está cerca de usted, pregúntele acerca de lo que vivió, que pensó, que vio, que oyó. Sin forzarla, déjele saber que usted está disponible para tocar el tema.
Otro punto central es volver lo más pronto posible a la vida cotidiana, a lo que siempre hacemos. Los niños a su colegio, los adultos a sus trabajos u ocupaciones. Eso nos empieza a dar una sensación de certeza, de que independientemente de lo que haya pasado, hay cosas que duran, que siguen, que continúan.
Entender que estas respuestas pueden aparecer, no va a hacer que éstas desaparezcan, pero si disminuye la angustia frente a su aparición. Con el paso de los días el sueño debe ir mejorando, las ideas repetitivas se van a ir espaciando, la capacidad de atención vuelve a aparecer.
No se force a estar bien, pero tampoco se consienta los síntomas. Esto quiere decir: trate de volver a su vida diaria, a un ritmo un poco más lento al comienzo.
Precauciones como salir acompañados, reportar donde estamos, pedir a los adolescentes que se reporten, saber con quien quedan los niños si salimos de la casa, son algunas de las cosas que podemos hacer, para recuperar la sensación de confianza. Sin embargo no hay una manera de evitar que se den los eventos traumáticos. Hay cosas que están en nuestro control y cosas que no. Entender eso hace parte del procesamiento de estas vivencias.
¿QUÉ HACER SI ES UN NIÑO EL QUE PRESENTA ESTAS RESPUESTAS?
Acompañar, entender, tolerar y contener a los niños en estas circunstancias les permite expresar sus inquietudes y sentimientos. Los padres, cuidadores, maestros y demás personas que están cerca de ellos, juegan un papel definitivo en esto.
Es muy posible que al mismo tiempo que el niño este experimentando una situación traumática, los adultos que están cerca la estén viviendo también. No se alarme, en estos casos usted puede servir de modelo de cómo se expresan sentimientos y cómo se puede manejar la situación.
Permítale hablar sobre el tema. Si no lo hace espontáneamente, introdúzcalo usted con preguntas sobre lo sucedido.
Las respuestas a las preguntas del niño deben ser cortas, claras y sinceras. Evite dar detalles innecesarios, pero diga siempre la verdad.
Los niños se ven expuestos a información visual que en la mayoría de los casos les cuesta trabajo procesar y entender. Si esto sucede, es importante que estén acompañados por un adulto responsable. Dar información a los niños no significa sobreexponerlos.
Cuando un niño siente temor por si mismo o por las personas a quienes quiere, le ayuda mucho entender que las cosas pueden suceder pero que no necesariamente tienen que pasar. Aquí también vale la pena evaluar con él las circunstancias “positivas” que rodearon el evento. “Se salvaron muchas personas “.
Si los niños perciben que los sentimientos de tristeza, rabia y miedo son aceptados, los expresaran más fácil.
Permítales hablar de lo sucedido, recrear el evento en sus juegos y hacer las preguntas necesarias.
Otras actividades que facilitan la expresión de sentimientos son la lectura de cuentos, la realización de actividades manuales y plásticas, juegos de expresión corporal, que se relacionen con el tema.
- Cuando mueren personas en el evento es importante mostrarles que no es reversible, que los personas se murieron, que no están, que no las volverá a ver.
Acompáñelos emocional y físicamente.
Vuelva pronto a sus actividades y rutinas cotidianas manteniendo las normas y pautas. Sea comprensivo y tolerante sin perder la claridad y firmeza que el niño necesita para sentirse seguro.
Muchas de las sensaciones que está sintiendo el niño son nuevas para él. Ayúdele a reconocerlas “eso que estás sintiendo se llama tristeza”.
Los sentimientos que el niño tiene son válidos. Es importante reconocerlos y enseñarle a expresarlos “Yo entiendo que estas furioso pero no puedes pegarle a tus amigos, puedes ....”
El manejo adecuado de las respuestas que aparecen ante las situaciones traumáticas, disminuye la posibilidad de que se configure un cuadro más severo.
Psicólogas del desarrollo:
Juanita Gempeler Rueda
Cecilia Zuleta García
Psicóloga clínica :
Juana Morales Saénz