El cerebro marca la diferencia entre hombres y mujeres. Se busca reunir en un solo lugar creatividad, convivencia y la interacción entre jugadores.
 
Hoy en día por la cantidad de ideas que rodean los diferentes juegos de  los hijos, es difícil para los padres conocer y entender éstas diferencias; sin embargo la esencia del juego sigue siendo la misma: divertir y recrear a los niños logrando un esparcimiento sano y entretenido.

En las últimas décadas la sociedad tiende a unir los roles tanto de la mujer como del hombre en aspectos como el trabajo, las funciones del hogar, la educación de los hijos, etc; sin embargo  existen diferencias cerebrales que conllevan a comportamientos y a formas de percibir la realidad de una manera distinta. Estas diferencias se evidencian desde los primeros años de vida del ser humano, cuando comienza a interactuar con su entorno a  través del  JUEGO.

El juego es un elemento que forma parte del desarrollo del individuo, está estrechamente relacionado con el desarrollo cognitivo y social, y por tanto presente en todos los niños. A través del juego las culturas transmiten valores, normas de conducta, resuelven conflictos, educan a sus miembros jóvenes y desarrollan múltiples facetas de su personalidad las cuales ayudarán a su desempeño profesional y laboral en el futuro.

¿A qué juegan los niños?
Para entender la evolución de los juegos y juguetes infantiles de los últimos años se podría resumir en tres palabras clave: tradición, televisión y tecnología. La tradición identifica los juegos de antaño, los realizados por quienes hoy en día son o están próximos a ser abuelos. La diversión estaba afuera, a la salida del colegio o con los amigos de la esquina, jugando al trompo, las canicas, la golosa, la lleva y el escondite.

La televisión marcó los juegos de los niños entre los años 70 y 80. Los adultos jóvenes que hoy tienen más de 25 años recuerdan cómo las diversiones tradicionales de la calle se empezaron a alternar con la televisión infantil, los muñecos de caucho inspirados en los personajes de la pantalla chica y juguetes más didácticos, como los juegos familiares y de mesa.

Por eso, en un mundo digital, ahora los adultos se preguntan, ¿a qué juegan los niños? Y la tecnología sería el concepto. La televisión ahora comparte su reinado con el computador y, naturalmente, con Internet y los juegos de video. Los dibujos animados conocidos como japanimation,  han conquistado a los niños con juegos que buscan obtener el poder y el conocimiento a través de la estrategia.


Este es un concepto muy claro para los niños, pero.....         
 
¿A qué juegan los niñas?
Las diferencias cerebrales entre niños y niñas, hacen que los intereses hacia el juego y la forma de jugar sean disímiles. Las niñas tienen más habilidades en las áreas que involucran el lenguaje, son capaces de manejar mayor cantidad de información al mismo tiempo mientras que los niños lo hacen paso a paso, pues se desempeñan mejor en las áreas que involucran el manejo espacial, las matemáticas y el razonamiento.

Por ejemplo, si se hace una carrera de observación se puede ver con claridad que las niñas se orientan con mas facilidad con las indicaciones verbales, mientras que los niños prefieren mirar el mapa. O si se ponen frente a una casita de muñecas la niña le da roles muy claros a cada personaje y se inventa historias donde lo verbal es indispensable.  El niño se interesa mucho en este juego y organiza donde duerme cada uno, cual es el comedor, donde se guarda el carro y hasta puede construir un segundo piso.

En la parte creativa las diferencias son aún mas marcadas. Las niñas tienden a conversar y a recrear situaciones de la vida cotidiana de manera más evidente que los niños, se inclinan más en hacer concursos, buscar personajes y crear sus propias historias, mientras que los niños se inclinan la construcción y la  ingeniería.

Es importante entender que estas diferencias no hacen mejores a unos de los otros, son características que deben tener en cuenta los padres a la hora de escoger un juego o un juguete para sus hijos. Ya lo habían sostenido pensadores como Platón y Aristóteles quienes le daban una gran importancia al aprender jugando y animaban a los padres para que le dieran a sus hijos juguetes que ayudaran a formar sus mentes para actividades futuras como adultos.

Juegos según la edad.
Cuando son bebés, juegan con sus papás y son las sonrisas y las caricias las que los acercan a los demás. Luego, más o menos hasta los 2 años, son individualistas y no quieren compartir ni espacios ni objetos de juego con otras personas. Alrededor de los 4 años encuentran que los juegos compartidos son más divertidos, imitan a los demás y asumen personajes, juegan al doctor, a la profesora y coincide con el ingreso al kínder, en el que aprenden a ser más sociables.

Cuando comienzan a ir al colegio se encuentran con dinámicas que implican reglas y normas, que incluso ellos mismos modifican y son muy útiles para que desarrollen una moral convencional.  Se deben buscar juegos y actividades que tengan un componente más intelectual y competitivo, como juegos de mesa, de construcción y creatividad que les permita socializar y generar historia a partir de los diferentes escenarios que construyen. Con estas dinámicas los niños se acercan más al mundo real, donde el juego tiene su cuota de fantasía pero también de imitación del mundo de los mayores.

A través del juego se aprenden de una forma sencilla y eficaz diferentes contenidos, normas, actitudes y valores como la tolerancia, respeto a los demás, respeto a las diferencias, igualdad de oportunidades, etc.. La incorporación de estos valores, cuando no se han adquirido en un adulto, supone un proceso muy lento y difícil si se llega a producir. Sin embargo, en un niño son valores que pueden construirse de una forma natural si éste se encuentra en un contexto propicio.